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ganó Le Mans

Las 24 Horas de Le Mans son una mina de historias. Hoy recordamos la memorable victoria lograda por Ferrari y Pirelli en 1954

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Jaguar contra Ferrari
Las 24 Horas de Le Mans están plagadas de batallas épicas e historias de resiliencia humana. El año en que Pirelli se impuso junto a Ferrari, 1954, escenifica una de las páginas más gloriosas de esta legendaria competición. El final más ajustado hasta el momento llegó como lógica consecuencia de un duelo a dos vueltas de reloj y siempre a fondo entre el cavallino y el equipo Jaguar. 

Los dos coches protagonistas de la edición 1954 se presentaron en el trazado galo con dos conceptos técnicos diametralmente opuestos. Jaguar apostaba por su D Type, diseñado a medida para Le Mans e impulsado por una mecánica de 3,5 litros. Ferrari, en cambio, alineaba su polivalente 375 Plus, un modelo que, sin ir más lejos, participó con la misma especificación en la Mille Miglia. Con todo, el V12 de 4,9 litros que lo animaba lo convertía en una verdadera bestia. Fuerza bruta contra mesura y ciencia.

El sábado, 12 de junio, los coches participantes en las 24 horas aguardaban la caída de la bandera tricolor a las 15h (GMT). Jaguar y Ferrari iniciaron su particular guerra desde los entrenamientos, logrando ambos un crono de 4m18s (lejos, eso sí, del actual récord, firmado por Neel Jani en un Porsche 919 Hybrid el pasado año).

Como era tradición por entonces en Le Mans, los encargados de tomar la salida debían esprintar hasta sus coches aparcados en el lado opuesto de la recta principal (dando lugar a la tradicional arrancada “tipo Le Mans”, utilizada de forma discontinua hasta 1970, cuando la protesta de Jacky Ickx contra este protocolo de salida –caminó, en lugar de correr, hacia su vehículo para denunciar la inseguridad del trámite– acabó por anularlo).

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Un toro a la carga
Ferrari se situó de inmediato en cabeza con Froilán González –apodado ‘El Toro de la Pampa’– a los mandos. Su buen ritmo inicial le permitió escaparse del pelotón desde el banderazo, seguido de sus compañeros de equipo y del primer Jaguar, pilotado por Stirling Moss.

La táctica de Jaguar pasaba por contemporizar: mantenerse lo más cerca posible de los potentes Ferrari y esperar una oportunidad para asaltar el liderato. La meteorología brindaría esa primera ocasión, pero ni siquiera un fuerte chubasco apartó a González de la cabeza. De hecho, Moss apenas ostentó la primera posición brevemente en el momento de la primera visita a la zona de boxes para el Ferrari, llegada cumplidas las primeras dos horas de carrera (en la época, el reglamento estipulaba que los coches debían cubrir un mínimo de 30 vueltas al circuito de 13.492 m. entre repostajes).

Con la caída de la tarde, los tres Jaguar empezaron a registrar problemas en sus sistemas de combustible. La única solución encontrada por los técnicos del equipo británico fue sustituir los filtros de carburante y las bujías en cada detención en boxes. Los Ferrari fueron los primeros en sacar provecho del lance, aumentando la distancia al frente hasta dos vueltas, con González al volante y rodando a un ritmo endiablado (hacia el final de su larguísimo primer stint marcó, de hecho, la vuelta rápida: 4m16s).

Con la lluvia arreciando a las puertas de la noche, Maurice Trintignant tomó el relevo de González en el Ferrari líder. Los problemas para la firma italiana llegaron poco después de medianoche, cuando el segundo 375 Plus clasificado, pilotado por Umberto Maglioli, se vio obligado a abandonar por un problema en la caja de cambios, avería similar a la que apartó también al mejor Jaguar clasificado por entonces.

Al amanecer del domingo, González volvió a los mandos del Ferrari líder, que conservaba las dos vueltas de margen sobre el Jaguar superviviente, protagonista de una importante recuperación durante toda la noche pese a las difíciles condiciones. 

Con dos equipos confiando sus opciones a un solo coche, Jaguar decidió echar el resto para atrapar al Ferrari líder. El ganador de Le Mans en 1953, Duncan Hamilton, se puso a los mandos del D Type e inició el ataque a Trintignant. Durante esta fase de la prueba, ambos rodaban en un ritmo inferior a los 4m30s, un vuelta a vuelta muy superior a la concurrencia, que invertía la mayoría de sus esfuerzos en conservar la mecánica y asegurarse llegar a ver la bandera ajedrezada –no en vano, a estas alturas tan sólo 25 coches se mantenían en la competición. El primer aviso de Hamilton llegó pronto, al desdoblarse de Trintignant y rebajar la desventaja a poco más de un giro.

En Ferrari no todo eran alegrías, y su único 375 Plus empezó a registrar problemas a la hora de arrancar el motor en cada repostaje, un más que probable síntoma de fatiga mecánica.

Pero, en plena mañana de domingo, Tony Rolt cometió un error al volante del Jaguar perseguidor y golpeó las protecciones en Arnage. El impacto, que se produjo mientras superaba a un doblado, dañó ligeramente el coche, y, peor que eso, permitió a Ferrari recuperar las dos vueltas de ventaja.

Tensión hasta la bandera a cuadros
Parecía que, a estas alturas, Ferrari tenía la victoria en el bolsillo. Pero nada más lejos de la realidad. A una hora y media de la conclusión, el persistente Jaguar volvió a desdoblarse para colocarse a una vuelta. Este lance adquirió tintes dramáticos cuando el Ferrari líder se negó a arrancar en su última visita a boxes. Froilán González, que era quien debía llevar el coche a la meta, seguía intentando poner en marcha el V12 en el momento en que sus rivales pasaban por meta para colocarse en la vuelta del líder. Ferrari y Pirelli estaban entregando un triunfo casi seguro.

Pero, por increíble que parezca, el Jaguar entró en los boxes, y no lo hizo para cumplir una visita programada. Tony Rolt necesitaba unas nuevas gafas, ignorando por completo mientras las reclamaba que se encontraba detenido justo detrás de su principal rival por la victoria. Los directores del equipo, furiosos, lo apresuraron a olvidarse de este complemento y centrarse en salir lo antes posible para ganar la carrera.

El equipo Ferrari padeció durante siete agonizantes minutos para volver a poner en marcha el coche, y cuando lo lograron volvieron a la carrera en segunda plaza a un minuto y medio del líder. La recuperación de Froilán González no empezó con buen pie, ya que necesitó cinco minutos y medio para completar la primera vuelta, y no como consecuencia de alguna circunstancia técnica, sino humana: el argentino no había sido capaz de comer o siquiera de dormir en toda la carrera. Jaguar acariciaba la victoria con la punta de los dedos, conscientes de que tan sólo debían mantener el ritmo y la presión.

Tan sólo un esfuerzo personal sobrehumano y el trabajo de todo el equipo desde el pit lane permitió a Froilán recuperar el primer lugar. A ello contribuyó también una pista que se secaba a marchas forzadas, lo que permitió al Ferrari aprovechar al máximo su plus de potencia. 

Tras casi 24 horas de competición, el primer y segundo clasificado estaban separados por el equivalente a 4,09 kilómetros. Ambos vehículos estaban muy cerca de superar el récord de distancia de Le Mans, y ello a pesar de las dificilísimas condiciones meteorológicas reinantes durante la mayoría de la noche.

Hasta la fecha, esta sigue siendo el único éxito de Pirelli en Le Mans, un hito que sobresale en la historia de la firma italiana, y que está indudablemente ligado al ‘Toro de la Pampa”. Froilán González no sólo le dio a Ferrari su primer triunfo en las 24 Horas, sino que tres años antes había dado al equipo liderado por Enzo Ferrari su primera victoria en Fórmula 1 en el circuito de Silverstone. En ambas ocasiones, por cierto, calzando gomas Pirelli.

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